sábado, 24 de febrero de 2018

Francotiradoras


Grupo de sonrientes francotiradoras con sus monos y capas de camuflaje. Por cierto que sobrellevaban muy bien la
escasez alimentaria de la época, porque están todas de buen año, cuando no francamente orondas. O, tal vez y en pro de
la propaganda, las tuvieron dos meses bajo una dieta hipercalórica para demostrar que en el glorioso Ejército Rojo no
se pasaba hambre. Los bolcheviques siempre fueron unos figuras en eso de la propaganda, ya saben...

Qué tierna imagen, ¿no?
Es justo reconocer que el denodado y, a la par, repentino feminismo del padrecito Iósif le permitió disponer de alrededor de 800.000 de belicosas señoritas dispuestas a escabechar tedescos, cifra esta ampliamente superior a la de cualquier ejército occidental moderno. El reclutamiento de féminas para combatir en plano de igualdad con los hombres, algo impensable en Occidente, donde solo se les permitía hacer de secretarias, conductoras y, como mucho, enfermeras en los hospitales de sangre, fue no solo un acierto a nivel material (800.000 mujeres combatientes son 800.000 de dedos apretando el gatillo), sino también propagandístico. Las imágenes de sonrientes y mofletudas soviéticas asomando sus cabecitas bolcheviques por la cabina de un caza, la torreta de un T-34 o abrazadas a sus Mosin Nagant como si fueran sus pretendientes dieron, tanto a sus compatriotas como al resto del mundo, una imagen de férreo patriotismo ante el invasor que fue muy bien rentabilizado por los cerebros grises del comunismo, que aprovecharon la coyuntura para intentar transmitir una imagen paradisíaca de una sociedad que, en realidad, vivió durante 70 años una de las más abyectas tiranías que se recuerdan en la historia. Pero antes de entrar en la cuestión, un breve introito como es habitual...

Insignia de "Tirador de Voroshilov" de antes
de comenzar la guerra
Ya en 1933 los soviéticos se estaban preocupando de formar tiradores de largo alcance. Y al decir largo alcance hablamos de más distancia de las que se solía disparar durante la Gran Guerra ya que estos bolcheviques estaban adiestrando al personal para abatir objetivos situados a 800 metros provistos de visor óptico y a 4oo con miras abiertas. En aquel momento se esperaba que los aspirantes lograran dos impactos de cada cinco disparos a larga distancia y un pleno a 400 metros sobre un blanco del tamaño de un hombre, así que ya vemos que la afición de los rusos a liquidar enemigos desde lejos venía de mucho antes de la guerra. Los soviéticos tenían, al igual que los nazis, una organización juvenil denominada "Unión de Sociedades de Asistencia a la Defensa, Aviación, Construcción y Química de la URSS" cuyo acrónimo en cirílico era ОСОАВИАХИМ (OSOAVIAKhIM transcrito al alfabeto latino, al que lo pronuncie sin que se le haga un nudo en la lengua le damos un premio), creada el 27 de enero de 1927 con la finalidad de adiestrar a la juventud en diversas disciplinas paramilitares y, de paso, lavarles el cerebro a base de bien para convertirlos en auténticos y verdaderos bolcheviques dispuestos a dar la vida por la santa madre Rusia y capaces de denunciar a su abuela por esconder 10 gramos de pan de algarrobas bajo el colchón. 

Jóvenes soviéticos en un polígono de tiro recibiendo adiestramiento. En
este caso usan carabinas de calibre .22, más ligeras y manejables
A los alumnos más destacados se les hacía entrega de determinadas insignias para dar envidia a sus colegas y, por supuesto, mejorar sus currícula de fervientes comunistas, que siempre venía bien en un ambiente tan enrarecido como el de la Unión Soviética donde por estornudar delante de un busto de Lenin te mandaban a Siberia para curarte el catarro. En la vertiente que nos ocupa, el tiro de precisión, el sueño dorado eran obtener la insignia Ворошиловский стрелок (Tirador de Voroshilov), en referencia Kliment Efrémovich Voroshilov, uno de los personajes más allegados al padrecito Iósif y, por aquel entonces, Comisario del Pueblo para Asuntos Militares y Navales y presidente del Soviet Militar Revolucionario. Si consideramos que la ОСОАВИАХИМ llegó a tener más de doce millones de miembros podremos comprender como nada más empezar la contienda los rusos pudieron disponer de cientos de tiradores que, aunque inexpertos en las lides de la guerra y cayendo por ese motivo como moscas, no por ello dejaban de ser un quebradero de cabeza para los aún victoriosos tedescos, y más a la hora de ocupar ciudades en cuyas ruinas aguardaban estos sujetos deseosos de darles para el pelo. A modo de ejemplo, cuando los alemanes cercaron Leningrado alrededor de un 60% de los jóvenes pertenecientes a la ОСОАВИАХИМ tenían la insignia de "Tirador de Voroshilov", por lo que se encontraron con cientos de mozalbetes totalmente fanatizados, ávidos de tomarse justa venganza y, encima, bien entrenados, al menos en lo que al tiro se refiere. De hecho, la letal Ludmila Mijaílivna Pavlishenko había recibido dicho entrenamiento en Kiev, lo que demuestra que enseñaban a disparar bastante bien.  

Página de un manual en el que se explica como calcular
distancias basándose en los edificios, árboles, etc. del entorno
En los albores de la contienda solo los hombres eran admitidos en las escuelas de francotiradores. Aparte de los que habían obtenido formación en los ОСОАВИАХИМ, la inmensa mayoría de ellos procedían de ambientes rurales, lo que los hacía especialmente aptos para una misión en la que se requerían cualidades más escasas entre los urbanitas: resistencia a las condiciones meteorológicas extremas, saber desenvolverse en condiciones adversas, buscarse la vida en lo tocante a la subsistencia y, sobre todo, estar habituados desde críos a la caza y, por ende, al manejo de armas de fuego y a saber acechar a la presa en silencio y en una total inmovilidad. Como esos probos mujiks ya traían media lección aprendida por así decirlo,  solo se les sometía a un breve proceso de adiestramiento de tres semanas en los que se les enseñaba el manejo de su arma reglamentaria, observación, camuflaje y lectura de mapas, así como nociones de combate individual y combate urbano. 

Esto último era una peculiaridad de los tiradores soviéticos que los hacía únicos en el tenebroso mundo de estos despiadados ciudadanos ejecutores ya que, además de su fusil, solían ir provistos de granadas de mano y un subfusil PPSh-41 por si se terciaba repeler un ataque enemigo a corta distancia o, como sucedió más de una vez, invadir un edificio en ruinas, destruir un nido de ametralladoras o incluso algún que otro carro de combate. Además, les facilitaban unos prismáticos de 6×30 (foto de la derecha), una copia soviética de un modelo Zeiss alemán provistos de una retícula con una serie de marcas que actuaban a modo de rudimentario telémetro. Dichas marcas señalaban una separación de 70 centímetros a 100 metros de distancia, por lo que solo había que hacer un rápido cálculo para saber a cuánto estaba el objetivo si bien, al parecer, no era un método muy preciso que digamos, por lo que al final la distancia quedaba siempre al arbitrio de la experiencia del tirador. 

Unidad femenina de fusileros marchando hacia el frente. Obsérvese que los
fusiles de las francotiradoras llevan el visor cubierto por una funda de tela
La avalancha tedesca, que en los primeros meses de la contienda fue literalmente un alud imparable, hizo que los francotiradores no dieran abasto. La unidad básica estaba formada por un tándem tirador-observador para cada sección, mientras que las unidades a nivel de batallón tenían una sección de francotiradores que desplegaban según les convenía. Sin embargo, el mal adiestramiento recibido a toda prisa hizo que el nivel de bajas aumentase a diario de forma alarmante, hasta el extremo de que, en muchos casos, tras unos pocos días de preparación se limitasen a poner a los novatos, llamados zaichata (lebrato, liebre joven), formando parejas con los veteranos para aprender sobre el terreno. Si andaban listos igual sobrevivían unos días, y si no, pues habrían entregado sus míseras vidas comunistas por el padrecito Iósif y sus nombres pasarían a engrosar la larga lista de caídos por la santa madre Rusia.

Vladimir Nikoláievich Pchelintsev (456 víctimas confirmadas) con varios
alumnos. Hombres como este o Záitsev fueron los primeros que adiestraron
a los francotiradores que tantos quebrantos causaron a los tedescos
Bien, así es como, grosso modo, estaba el patio en Rusia por aquella época. Y como hacía falta de forma perentoria cubrir las bajas, un buen día el padrecito Iósif decidió hacerse feminista de toda la vida y permitir que sus belicosas bolcheviques, que hasta aquel momento solo podían ser enfermeras y poco más, se uniesen a sus camaradas. Así, se formaron tripulaciones de carros de combate, pilotos de cazas y bombarderos, artilleras, tiradoras de ametralladora y, por supuesto, francotiradoras. En principio fueron entrenadas por tiradores experimentados que las pusieron rápidamente al tanto de los entresijos del arte de escabechar tedescos. Estos hombres, denominados como snaiper nastavnik (maestros tiradores) no formaban parte de ninguna escuela u organización destinada al adiestramiento de los candidatos, sino que estaban encuadrados en las diversas unidades donde servían. Por ejemplo, el famoso Vasili Záitsev formó a gran cantidad de francotiradores estando destinado en la 284º División de Fusileros "Tomsk" en Stalingrado entre septiembre de 1942 y enero de 1943. Y, al igual que adiestraron francotiradores también hicieron lo propio con las aguerridas señoritas procedentes del Komsomol, bastante fanatizadas por cierto y deseosas de finiquitar infinidad de tedescos que, las cosas como son, se pusieron extremadamente bordes con la población civil rusa a pesar de que durante su victorioso avance inicial fueron recibidos en muchas partes como libertadores, hartos como estaban de aguantar las cabronadas del padrecito Iósif.  

Tandem tiradora-observadora. Ojo, la observadora
también abría fuego se era necesario
Pronto demostraron su valía, y no ya por su valor y tal, sino porque se vio en ellas una serie de cualidades que hasta aquel momento habían permanecido, digamos, ocultas. De entrada, la baja estatura de la inmensa mayoría de ellas les facilitaba enormemente ocultarse, pudiendo meterse en sitios imposibles para un hombre normal porque, además, las mujeres tienen mucha más flexibilidad que nosotros. Por otro lado, mostraron estar dotadas de grandes dosis de paciencia y astucia (esto último es cosa sabida desde tiempos de Adán, pero bueno...), soportaban mejor las situaciones de estrés y, curiosamente, resistían mejor el frío, supongo que por la distribución de la grasa corporal. Además, se consideraba que al tener las manos más sensibles tendrían más facilidad para efectuar disparos con suavidad y temple. Aunque muchas de ellas tuvieron una carrera operativa bastante corta, no por ello dejaron de irse al paraíso comunista con un buen número de víctimas enemigas en su haber. A la vista de los buenos resultados obtenidos se decidió crear una escuela de tiradores solo para el mujerío soviético porque, a pesar de su indudable entusiasmo, quieras que no la preparación previa con que la gran mayoría se alistaba no permitía enviarlas al frente con las apenas tres semanas habituales en los hombres. Lógicamente, no solo había que saber tirar, sino tropocientas cosas más que se comentaron por encima anteriormente. Al fin y al cabo, la Wehrmacht seguía siendo una formidable máquina de combate, y sus unidades más las de las temibles SS enviadas al Frente Oriental eran unos huesos increíblemente duros de roer, y más aún de doblegar.

Ludmila Pavlishenko con su Tokarev STV-40 provisto de un visor PU
de 3,5 aumentos. Con ese chisme llevó a cabo la mayoría de sus asesinatos
Así pues, en marzo de 1942 se creó la Escuela Central de Entrenamiento de Francotiradores Femeninos en Veshnyaki, una pequeña población cerca de Moscú. La escuela se puso bajo el mando de Nora Chegodaeva, una oficial formada en la Academia Militar Frunze que ya había combatido en la guerra civil española. Las condiciones de admisión requerían inicialmente tener más de 20 años y una vista excelente, siendo desechadas desde el primer momento las que no gozaran de un aparato visual digno de un halcón. El entrenamiento, que se prolongaba durante unos nueve meses, era absolutamente intensivo. Las sesiones se alargaban hasta las 10 o 12 horas diarias durante todos los días de la semana en las que se aplicaba una férrea disciplina y se mentalizaba al personal de que sus armas eran su vida, animándolas a ponerles nombre, componerles canciones y chorradas por el estilo para empatizar con ellas hasta el extremo de humanizarlas. Una vez graduadas eran enviadas al frente a batirse el cobre con sus Mosin Nagant o el eficaz SVT-40 semiautomático, el preferido por la eficiente Pavlishenko, que después de su retiro tras ser herida en junio de 1942 por fuego de mortero ya contaba en su haber con 309 víctimas confirmadas en las que se incluían 36 francotiradores enemigos (en Odessa, en solo 50 días se cargó a 257 tedescos nada menos). Por ello, fue una de las seis mujeres francotiradoras que recibió la medalla de Héroe de la Unión Soviética, la más alta distinción que se concedía en la URSS. Tras recuperarse fue ascendida a comandante y destinada a formar a otras francotiradoras hasta el fin de la contienda. Por cierto que palmó soltera a pesar de ser agraciada físicamente. Parece ser que, a la vista de su historial, no hubo forma de encontrar a nadie dispuesto a ejercer de cuñado.

De izda. a dcha., Polivanova y Kovshova. Debajo vemos
el sello que les dedicaron representando su heroica gesta
Los soviéticos supieron además hacer un inteligente uso de sus francotiradoras caídas en combate, nombrándolas heroínas de la URSS a título póstumo, dedicándoles calles y cosas así para incentivar al personal y, obviamente, enaltecer los valores y el espíritu de sacrificio que propalaba el partido para solventar la Gran Guerra Patria. Las que lograban alcanzar las 40 víctimas confirmadas eran premiadas con la Medalla de Combate y el título de "Francotirador Noble", lo que era motivo para que entrasen en un éxtasis místico bolchevique en el que se les aparecía el phantasma de Lenin sonriente y acariciándoles el lomo. Coñas aparte, lo cierto es que muchas de ellas dieron muestras de un arrojo temerario hasta su último aliento, como las valerosas Mariya Semenovna Polivanova y Natalya Venediktovna Kovshova (300 víctimas entre ambas), del 528 Rgto. de Fusileros, que el 14 de agosto de 1942 liquidaron en Sutoky a mogollón de tedescos hasta agotar la munición. Viéndose rodeadas, finalmente simularon rendirse y, cuando se acercaron los enemigos a apresarlas, hicieron estallar sendas granadas de mano, muriendo y matando a los que estaban más cerca. Por esa hazaña no solo las hicieron Héroes de la Unión Soviética a título póstumo en febrero de 1943, sino que les dedicaron sendas calles en Moscú y hasta emitieron en su honor un sello de 60 kópeks. Conviene aclarar que estas medidas tan expeditivas no solo eran consecuencia de su abnegado espíritu y tal, sino también porque las consecuencias de caer prisioneras de los tedescos no eran precisamente nada agradables tratándose de mujeres que habían sido las causantes de no pocas bajas entre ellos. En todo caso, de la escuela de Veshnyaki salieron a lo largo de la guerra un total de 1.061 tiradoras y 407 instructoras que fueron causantes de unas 12.000 víctimas confirmadas, algo más de los efectivos de toda una división de infantería. Una de las secciones más letales fue la de la teniente Nina Alexeyevna Lobkovskaya que, agregada al 3er. Ejército de Choque, alcanzaron la escalofriante cifra de 3.112 enemigos abatidos incluyendo los 89 que se cargó la Nina esta, o sea, una cuarta parte del total de bajas producidas por todas las francotiradoras durante la guerra.

Roza Y. Šánina, quizás la tiradora más fotografiada
junto a Pavlishenko. Supongo que su angelical jeta
comunista la convertiría en un eficaz argumento
para la propaganda
Sin embargo, y a pesar de que pueda parecer que eran más numerosas que los hombres, la realidad es que  los efectivos de francotiradoras no llegaron a las 2.000 a pesar del gran despliegue propagandístico que las autoridades soviéticas hizo con ellas. Curiosamente, los tedescos no tuvieron noticia del uso de mujeres como francotiradoras hasta que el famoso Josef Allerberger (257 víctimas confirmadas), perteneciente a la 3ª División de Cazadores de Montaña, se vio ante lo que estimó una sección de francotiradores rusos supuestamente ocultos en árboles camuflados (los O.P. trees de los que hablamos en su día). Para que delatasen su posición hizo distribuir por la línea de frente a varios compañeros provistos de cabezas falsas para atraer el fuego enemigo mientras que cinco ametralladoras disparaban ráfagas cortas de forma regular para ocultar el sonido de sus disparos. Una vez oculto y debidamente camuflado empezó la fiesta de forma que en cosa de una hora había logrado abatir a 18 tiradores soviéticos. Cuando se acercaron a comprobar las bajas se quedaron con la jeta a cuadros al ver que todas era mujeres. Las desdichadas habían cometido la torpeza de disparar contra las cabezas falsas desde las copas de sus apostaderos, por lo que fueron fácilmente localizadas por Allerberger, que las fue liquidado una a una. No obstante, las que pudieron largarse a tiempo aprendieron la lección y optaron por tácticas más sibilinas, como ocultarse en almiares y permitir aproximarse a los enemigos antes de abrir fuego o incluso dejarse rebasar por ellos para dispararles por la espalda.

Nina Pavlovna Patrova (1893-1945)
En fin, la lista de hazañas de estas valerosas criaturas da para un libro entero, pero con lo narrado en esta entrada podemos hacernos una idea bastante aproximada de sus andanzas. Con el tiempo fueron surgiendo más escuelas de tiradores, como la de Podolsk, donde se graduó la sargento Roza Yegórovna Šánina, que palmó con apenas 20 años echa puré por una granada en enero de 1945 tras liquidar a 54 enemigos incluyendo 12 tiradores. Como está mandado, le pusieron una calle en Arcángel, su ciudad natal. Al término de la contienda, la escuela de Veshnyaki fue clausurada en mayo de 1945, siendo el personal transferido a la Escuela Superior del Mando Militar de Moscú. Como colofón, hacer una mención especial a la suboficial Nina Pavlovna Petrova, que con nada menos que 48 años marchó al frente para, al cabo de cuatro años y con los 52 cumplidos poder confirmar 122 víctimas más 3 enemigos apresados. Fue la francotiradora de más edad de todo el ejército rojo, adiestrando además a 513 tiradores durante su carrera militar. Era cariñosamente llamada "Mamá Nina", y tuvo la mala suerte de palmarla el 1 de mayo de 1945, pocos días antes de que los tedescos se rindieran, al parecer en un accidente de carretera. Recibió a título póstumo la Orden de la Gloria en junio de aquel mismo año.

Sello emitido en 1976, dos años después
del fallecimiento de Pavlishenko. En el
mismo se ve la medalla de Héroe de la
Unión Soviética, así como su colocación
en la parte superior izquierda de la pechera
Ah, y un detalle curioso antes de concluir. De las seis francotiradoras premiadas con la distinción de Héroe de la Unión Soviética, solo Ludmila Pavlishenko la obtuvo en vida con 27 años. Las cinco restantes, a título póstumo por aquello de la propaganda y poder usarlas como ejemplo a las nuevas hornadas de tiradoras. Helas ahí:

Cabo Tatiana Nikolayevna Baramzina, 36 víctimas, muerta a los 24 años por los alemanes tras caer prisionera el 5 de julio de 1944, recibió la distinción el 23 de marzo de 1945.

Suboficial Tatiana Ignatovna Kostyrina, 120 víctimas, muerta a los 19 años en un enfrentamiento con un francotirador alemán el 22 de noviembre de 1943, recibió la distinción el 15 de mayo de 1944.

Soldado Natalya Venediktovna Kovshova, caída en combate a los 21 años el 14 de agosto de 1942, recibió la distinción el 14 de febrero de 1943.

Soldado Mariya Semenovna Polivanova, caída en combate a los 19 años el 14 de agosto de 1942, recibió la distinción el 14 de febrero de 1943. Entre esta y la anterior llevaban contabilizadas aproximadamente 300 víctimas, como explicamos más arriba.

Cabo Aliya Nurmuhametqyzy Moldagulova, 91 víctimas, caída a los 18 años el 14 de enero de 1944 tras hacer estallar una granada para no caer en manos alemanas, recibió la distinción el 23 de marzo de 1945.

Tenían ovarios las bolcheviques estas, juro a Cristo... Bueno, ahí queda eso.

Hale, he dicho

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La teniente Nina Alekseyevna Lovkoskaya al frente de su mortífera sección. Esta proba soviética tuvo más suerte que
la mayoría de sus camaradas, aún está vivita y coleando la puñetera con 93 tacos nada menos


martes, 20 de febrero de 2018

Las damas del nazismo 2




Hace cuatro años- sí, cuatro, y no dejo de acojonarme cada vez que tengo ocasión de corroborar que el tiempo, más que volar, viaja a la velocidad de la puñetera luz- se publicó una entrada acerca de las cónyuges de los principales jerarcas nazis. Al cabo, hasta los corazones pétreos necesitan que de vez en cuando les hagan carantoñas, les den mimitos e incluso les rasquen suavemente el cogote y les susurren chorradas al oído mientras ronronean como gatos satisfechos ahítos de ratones con sobrepeso. De hecho, cuando vemos las fotos de familia de estos personajes no dejamos de sentir cierta extrañeza porque no nos cuadra que unos hombres despiadados capaces de ordenar masacres nunca vistas aparezcan muy sonrientes con sus nenes y sus parientas, en plan PATER FAMILIAS amantísimos que se limitan a currar sus ocho horas diarias para arrimar los garbanzos y algún que otro caprichito al clan. ¿Quién diría, viendo la foto superior, que el tío Adolf que aparece rodeado de nenes con pedigrí ario pasaría a la historia como la encarnación del Mal? En fin, el ser humano es más contradictorio que el alacrán que picó a la rana que lo ayudaba a cruzar el río y, lo que es peor, lo sabemos y no hacemos nada por evitarlo.

Bueno, pues aprovechando que hace unos días se celebraba esa chorrada mercantilista de Valentín, tal como ya hicimos hace casi un lustro aprovechando la misma efemérides daremos cuenta de otro lote de parientas de los mandamases nazis que, al cabo, siguen siendo las grandes desconocidas, siempre a la sombra de sus poderosos maromos. Además, como veremos, incluso ejercieron en algunos casos mucha más influencia de lo que la gente imagina, pudiéndose decir hasta que iniciaron su carrera política para satisfacer a sus parientas ávidas de darse pisto. Veamos pues...

Frau von Schirach


Henriette Hoffmann (1913-1992)
Comencemos con Henriette Hoffmann, Henny para los parientes, amigos y demás afectos incluyendo al ciudadano Adolf, que la conocía desde que apenas tenía 9 añitos porque su progenitor, Heinrich Hoffmann, era el fotógrafo personal del Führer. Sí, ya saben, el que sale junto a él y Albert Speer en la famosa foto ante la Torre Eiffel cargado con su equipo de filmación. Esta chica tan mona con aspecto de maestra de párvulos bondadosa, a la que el ciudadano Adolf llamaba Sonnenlicht (Luz de sol) y que hasta la apadrinó en su bodorrio, contrajo nupcias en marzo de 1932 con el aristocrático y cosmopolita Baldur von Schirach, en aquel momento Reichsjugendführer de las Juventudes Hitlerianas, organización de la que tomó el control absoluto al año siguiente con el rango de SA-Gruppenführer. Curiosamente, la madre de von Schirach era yankee, así como su abuela paterna, de modo que solo tenía un tercio de sangre tedesca. Por todo ello, no sé de dónde sacó el pedigrí ario a partir de 1750 obligatorio para estos encumbrados picatostes nazis. Dio cuatro nenes a su marido el cual se había alistado en el ejército, donde sirvió un breve espacio de tiempo al estallar la guerra para, en 1940, ser nombrado Gauleiter de Viena. Así pues, las perspectivas de la joven pareja eran de lo más prometedoras ya que estaban incluidos en el círculo íntimo del ciudadano Adolf, pasando sus días de asueto en el Berghof junto a los demás gerifaltes del partido y dando por sentado que lo del Reich de los mil años era totalmente cierto.

Sin embargo, Henny tuvo un encontronazo con su padrino de boda cuando un día tuvo la osadía de preguntarle qué leches estaba pasando en Holanda, donde presenció como eran deportados cientos de judíos durante una breve estancia en Amsterdam. Le echó ovarios, las cosas como son, y si no acabó en el trullo fue por la amistad que tenía con su padre. Sin embargo, la pareja fue desterrada para siempre jamás de la corte del Führer, lo que imagino le sentaría a su marido como una coz en el páncreas. Al acabar la guerra Von Schirach y familia se entregaron a los yankees. A él no dudaron en incluirlo en la primera hornada de juicios de Nuremberg, donde le cayeron 20 años por deportar más de 65.000 judíos austriacos y que cumplió hasta el último minuto porque los rusos no accedieron a liberarlo pasados unos años. Y a Henny la mandaron junto a sus nenes al campo de Göggigen para dirimir sus posibles responsabilidades, pero la soltaron al poco tiempo ya que no estaba involucrada en nada rarito. No obstante, Henny no estaba por la labor de esperar tanto tiempo con la piltra vacía, así que se lió con un ex-teniente coronel de cazadores de montaña llamado Alfred Jacob y pidió el divorcio en 1949, obteniéndolo un año más tarde. Por cierto que, a pesar de su enfado por las deportaciones de judíos, en mayo de 1960 no tuvo reparos en reclamar al gobierno bávaro 278 obras de arte confiscadas tras la guerra y que procedían de los expolios a ciudadanos judíos, incluyendo un cuadro de Jan van der Heyden que había pertenecido a los Kraus, una familia judía de Viena que habían podido largarse a tiempo de la quema. La puñetera Henny logró que se lo devolvieran por 300 marcos, olvidando al parecer su enfado con el ciudadano Adolf por las deportaciones de malvados hebreos. Está visto que cuando hay pasta gansa de por medio los elevados principios éticos y morales se van al carajo ipso-facto. Por último, comentar que hasta tenía su vena literaria ya que en 1982 publicó un libro de anécdotas sobre el ciudadano Adolf.

Frau Speer

Margaret Weber (1905-1987)
Margarete Weber, Margret para su arquitectónico maromo y familia. Esta señora con aspecto de secretaria eficiente era la cónyuge de Albert Speer, uno de los personajes más cercanos al ciudadano Aldolf, que babeaba literalmente ante las maquetas y proyectos faraónicos que, tras la guerra y la segura victoria del Reich, convertirían Berlín en la capital mundial de la cultura. Por desgracia para ellos, Berlín quedó convertido en un solar, pero es lo que tienen los bombardeos de alfombra, que no respetan nada. Al contrario que frau von Schirach, frau Speer era una mujer hogareña y poco inclinada a la vida tumultuosa de fastos y protocolos que tanto agradaban a otras señoras de la jerarquía nazi. Y mientras su amado esposo se dedicaba a planificar los más fastuosos edificios, ella pasaba temporadas en el Berghof en compañía de Eva Braun, con la que tenía una muy buena amistad, cuidando de la abundosa prole de seis retoños que dio al arquitecto entre cúpula majestuosa y estadio magnificente, si bien muchas veces se veía obligada a compartir con su marido las obligaciones inherentes a todos los miembros de la corte del ciudadano Adolf, o sea, a tomar parte en los almuerzos, cenas, charlas y saraos en los que todos se congregaban alrededor del macho alfa para hacerle la pelota y seguir medrando, como no podía ser menos. En todo caso, lo cierto es que Speer estaba muy enamorado de la apacible Margret ya que, a pesar de la negativa paterna a aceptarla como cónyuge de su querido Albert, este no había transigido y se matrimonió con ella en agosto de 1928. Los motivos de la negativa eran simplemente por cuestiones del maldito clasismo: los Speer eran una familia de postín, mientras que la de Margret pertenecían a la clase media que, aunque con una economía más que solvente, no tenían el mismo estatus social.

Pero el amor todo lo puede y tal, así que fueron felices y comieron perdices hasta que empezó la guerra y Speer aceptó en mala hora el cargo de ministro de Trabajo en 1942. Es más que probable que si se hubiese limitado a seguir haciendo planos y maquetas, al final de la guerra los aliados se habrían conformado con darle dos collejas y santas pascuas, pero ser un ministro del ciudadano Adolf estaba muy mal visto en aquel momento, así que le cayeron 20 años en el juicio Nuremberg por usar mano de obra esclava y varios delitos más. Y tal como ocurrió con Von Schirach, tuvo que cumplir la condena hasta el último día porque los hijos del padrecito Iósif no estaban por la labor de ser misericordiosos con los tedescos que tanto los habían puteado. Pero, afortunadamente para él, su amada Margret no hizo como la puñetera Henny y esperó a que su marido terminara su período carcelario en Spandau, como debe ser. Mientras Speer purgaba su condena, Margret y su prole se largaron a Heidelberg, de donde ella era natural, a esperar a que soltaran a su marido, que gracias a su buen comportamiento y ser un buen chico- para matar el aburrimiento llegó a pintar enterita toda la cárcel de Spandau- le dejaron escribir sus memorias y esas cosas. Una vez en la calle, ambos retomaron su vida matrimonial hasta el fallecimiento de Speer en 1981. Ella lo siguió apenas seis años más tarde, y desde entonces ambos reposan en la tumba familiar del Bergfriedhof de Heidelberg. 

Frau Frank

María Brigitte Herbs (1895-1959)
Si frau von Schirach tenía aspecto de maestra bondadosa y frau Speer de secretaria eficiente, frau Frank lo tenía de lo que era, una gorgona con muy mala leche y mandona como ella sola. Además, reñía a su marido, el temible Hans Frank que, en realidad y a pesar de que le apodaron como "el Carnicero de Polonia" a raíz de su desempeño como gobernador general de dicho país, era fácilmente acoquinado por esta gárgola cinco años mayor que él y que tenía más peligro que un virus del ébola paseando por el café con leche matutino. Y si al maromo lo apodaron "el Carnicero", con ella hicieron lo propio motejándola como "la Reina de Polonia" por su afición al lujo, los cochazos, las pieles y las joyas. Estas últimas las conseguía prometiendo salvoconductos a familias adineradas de judíos que, con tal de escapar de la quema, le entregaban sus más valiosas posesiones a la cicatera arpía. De hecho, su nefasta influencia sobre su timorato marido, que sería muy malvado con los judíos polacos pero se acojonaba con esta sota, llegó al extremo de ser acusada de promover la corrupción y determinados tratos de favor hacia los de su cuerda, empezando por su propia familia. Como suele pasar con este tipo de personas, ese afán por el lujo y el dispendio provenía de una infancia un poco asquerosilla. Su padre, un molinero de Eitorf, en Renania, se auto-asesinó en 1908 devorado por las deudas. No pudo digerir bien la penuria familiar, así que decidió aprender taquigrafía y largarse a Berlín a la espera de poder medrar ya que, hasta el comienzo de la Gran Guerra, había tenido que estar currando en la fábrica de salchichas de la familia materna para salir adelante. 

En la capital del Reich se colocó de chupatintas en el bufete de un abogado, dedicando su tiempo libre a traficar con pieles durante la guerra. Cuando el abogado se dio cuenta de que usaba su despacho para sus trapicheos la mandó a hacer puñetas, por lo que tuvo que buscarse la vida como canguro de un teniente viudo que la nombró su amante oficial porque el pobre se sentía solo. Tras la guerra fue destinado a Munich, donde se estableció con su querida-canguro. Allí conoció a un joven abogado con un prometedor futuro que le pareció más interesante que el viudo, así que mandó a este a paseo y sedujo al abogado, o sea, a Hans Frank, con quien se casó en abril de 1925. Entre 1927 y 1939 dio cinco nenes al futuro gobernador de Polonia, si bien parece ser que no por instinto maternal, sino para someter aún más a su marido, que no tardó mucho en darse cuenta de que Brigitte no era más que una trepa ávida de lujos y de coleccionar amantes, poniendo a su maromo unos cuernos que no le dejarían entrar ni por la puerta de una iglesia neo-gótica. De hecho, en el mismo viaje de novios ya se lió con el hijo de un armador de Hamburgo. Para rematar la cosa, Frank se reencontró con una antigua novieta de su adolescencia, Lilly Groh, así que pidió permiso al ciudadano Adolf para divorciarse. Está de más decir que la sota se puso como una fiera en cuanto se enteró, y hasta se presentó ante el Führer para pedirle que no lo permitiera. "Prefiero ser la viuda de un ministro del Reich antes que una divorciada", dijo al perplejo Adolf, al que los líos maritales de sus principales colaboradores lo ponían muy nervioso. Frank alegó que ella también tenía un amante, un tal Karl Lasch, el gobernador de Radom, pero fue para nada. Total, la mala pécora de Brigitte se salió con la suya, y Adolf negó a Frank el permiso para mandarla al carajo. Y la malvada, para vengarse, hasta mandó una carta a Himmler en la que aseguraba que la amante de su maridito era judía. Eso fue la gota que colmó el vaso, porque le sentó a Frank como una patada en el cielo de la boca, como es lógico. El matrimonio estaba roto pero, en todo caso, no se pudo divorciar. 

En mayo de 1947 fue detenida y fue enviada, como otras damas del nazismo, al campo de Göggigen para su desnazificación si bien gracias a que nunca estuvo afiliada al NSDAP no tuvo que dar muchas explicaciones. La soltaron en el mes de septiembre siguiente, un año después de que su marido acabase colgado como un salchichón en el patíbulo del gimnasio de Spandau. Se trasladó a Munich donde publicó en 1953 las memorias que su extinto marido dejó escritas antes de ser ejecutado, lo que le reportó la nada despreciable cifra de 200.000 marcos, un pastizal en aquella época. Sin embargo, apenas cinco años más tarde se veía ofreciendo en alquiler una habitación de su apartamento a los viajeros que llegaban a la estación de ferrocarril. Palmó en 1959 más pobretona que el sastre de Trazán. Como colofón, comentar que su hijo menor, Niklas, publicó varios libros hablando de sus padres o, mejor dicho, poniéndolos a caldo. En ellos aseguraba que su padre era en realidad un homosexual reprimido con menos empuje que un ratón con artritis y su madre un mal bicho que gritaba e insultaba a su padre sin que este tuviera valor para mandarla a hacer puñetas. Por cierto que el tal Niklas debía odiarlos a ambos de forma infinita porque siempre llevaba encima la famosa foto en la que se ve a su padre tras ser ejecutado, tumbado sobre el burdo ataúd negro y con la soga aún rodeándole el pescuezo. Decía que "le satisfacía el aspecto que tenía en la foto". Manda cojones, ¿que no? En fin, el mundo no se perdió nada con la extinción de Brigitte Herbs.

Frau von Ribbentrop


Anna Elisabeth Henkell (1986-1973)
Anna Elisabeth Henkell, Annelise en su círculo más íntimo, fue la designada por el destino para emparentar con Joachim Von Ribbentrop, que ni era un auténtico nazi y le daba una higa la política hasta que su querida cónyuge le dijo que le convenía para medrar. Esta mujer era nada menos que hija de Otto Henkell, propietario de la afamada firma vinatera Henkell & Co. dedicada a la elaboración de espumosos, así como la distribución de vinos y licores. Actualmente siguen manteniéndose como una de las empresas más relevantes del sector, siendo por ejemplo los distribuidores para Alemania y Austria de la bodega jerezana Sánchez Romate, que elaboran entre otras virguerías alcohólicas el celebrado brandy "Cardenal Mendoza" (una botella puede costar más de 500 del ala). Comento esto como prueba de que Annelise, que era más bien feilla y padeció durante toda su vida de ataques de sinusitis y terribles jaquecas, además de ser extremadamente dominante, no se casó con el futuro ministro por interés, sino más bien al contrario. De hecho, era novia de un tal Hermann Hommel hasta que, en 1919, conoció al apuesto teniente Von Ribbentrop, que además de pertenecer a una familia de origen aristocrático- si bien venidos a menos- era un verdadero dandy, hablaba inglés que daba gloria escucharlo y se movía como pez en el agua en los ambientes distinguidos que tanto gustaban a la joven Annelise. Aunque papá Otto no estaba por la labor de ver a su nena casada con un hombre con un estatus social y económico inferior, Annelise era terca como una mula y, lo que era peor, se había encoñado de forma inmisericorde del guaperas de Ribbentrop, así que se salió con la suya y se casaron en julio de 1920. 

Como mandaban los cánones de la época, le dio una prole numerosa: cinco retoños entre 1921 y 1940. El mayor, Rudolf, ingresó en las SS en la siguiente matanza mundial, siendo herido cinco veces y recibiendo mogollón de condecoraciones incluyendo la Cruz de Caballero. Vamos, que no se las dieron por ser hijo de quien era, que se lo curró el hombre. Al parecer, Von Ribbentrop no estaba ni mucho menos enamorado de Annelise, pero ante un braguetazo antológico ¿quién se resistía? Por otro lado, fue su mujer la que lo introdujo en ambientes más politizados, instigándolo a que se afiliase al partido nazi y permitiendo que se celebrasen en su domicilio particular reuniones entre el ciudadano Adolf, que en aquellos tiempos aún era el militante nº 555 del NSDAP, con hombres importantes de la política y la economía tedesca. De hecho, Annelise sí era una nazi convencida- también se apuntó al partido en 1932-, mientras que su manso maromo se metió en política por ella, cosa de la que hasta el mismo Adolf se dio cuenta y que, como se pudo ver años más tarde, acabaría costándole la vida.

Tras la guerra y con su querido esposo convertido en pavesas tras ser ejecutado, Annelise fue detenida y enviada a Dachau para su desnazificación. Una vez liberada se dedicó a recuperar los bienes que los aliados le habían confiscado, lo que pudo llevar a cabo porque para eso tenía el patrimonio familiar apoyándola. A partir de ahí se limitó a llevar una existencia apacible y discreta hasta su fallecimiento en mayo de 1973 en Wuppertal. Fue sepultada en la tumba de la familia Henkell de Weisbaden, y en su lápida se incluye el nombre de su amado esposo aunque, lógicamente, no está allí porque las cenizas de todos los ejecutados en Spandau fueron a parar al río Isar a su paso por Munich.

Frau Ley


Inga Ursula Spilker (1916-1942)
Este caso es justo al revés. O sea, que el que perdió los papeles fue él, no ella. Y no es para menos, porque Inga Spilker era lo que se dice una auténtica y verdadera real hembra, de esas por la que cualquiera aceptaría tener cinco cuñados por lo menos. Bella como una diosa pagana, alta- le sacaba un palmo a su marido- esbelta, elegante, glamurosa... en fin, que estaba como un queso. Proveniente de una familia dedicada al bel canto, esta hermosa criatura tenía la vida encaminada a la escena ya que su padre, Max Spilker, fue director artístico de varias óperas estatales y, además, tenía una espléndida voz de mezzo-soprano. En 1935 conoció al que sería su marido, Robert Ley, durante una actuación en el Friedrichstadtpalast de Berlín y, como podemos imaginar, debió quedarse embelesado ante semejante monumento. Ley, que estaba casado con una tal Elisabeth Schmidt, la cual le había dado una hija, tardó 0,2 segundos en pedir el divorcio para, tres años más tarde, contraer nupcias con la hermosa Inga, que le dio tres retoños entre 1938 y 1941 (el primero ya venía encargado desde unos meses antes del bodorrio). Cabe suponer que esta mujer debió pensar ante todo en los beneficios de emparentar con un nazi de primera generación que, en aquella época, estaba al frente del Deutsche Arbeitsfront y hasta habían botado un crucero chulísimo de la muerte que fue bautizado con su nombre. Pero, aparte de ser un hombre nada apuesto y tener 26 años más que ella, Ley, que había combatido como piloto durante la Gran Guerra, había sido derribado y herido en la cabeza, lo que le hizo arrastrar el resto de su vida bastantes problemas incluyendo tartamudez y, lo que era peor, un creciente alcoholismo. 

Sin embargo, tras la fastuosa fachada que ofrecía Inga también se ocultaban problemas de salud que la obligaban a consumir morfina para apaciguar los dolores que padecía. Para que pudiera descansar cuando padecía alguna de sus crisis su marido le regaló una finca en Waldbröl, en Renania del Norte, donde se retiraba de vez en cuando con una amiga a pasar temporadas y dedicándose a escribir e ilustrar cuentos para críos bajo el seudónimo de Inga Hansen. Sin embargo, donde se encontraba verdaderamente a gusto era en los ambientes artísticos berlineses, donde podía alternar con cantantes, escritores, actores y demás personal del mundo de la cultura. 

En marzo de 1941, estando embarazada de ocho meses su tercera hija, sufrió un percance que pudo costarle la vida. Dando un garbeo por los alrededores de la finca en un coche de caballos se quedó atascada cruzando una vía ferroviaria. No logró que los pencos sacaran el coche, por lo que tuvo que saltar antes de que un tren la arrollara. El incidente le produjo un parto prematuro que, afortunadamente, no tuvo mayores consecuencias salvo depender más de la morfina, teniendo que ser enviada al año siguiente a un centro de desintoxicación en Berlín. Al parecer, la vida campestre en soledad se le hizo también muy cuesta arriba ya que su marido la obligó a permanecer en la finca para tenerla a ella y a los nenes lejos de las bombas que caían sobre la capital. Total, que la cosa fue empeorando hasta el extremo de que el 29 de diciembre de 1942 se le acabaron de cruzar los cables. Inga se había hecho con una pistola de los guardias que protegían la propiedad, lo que no despertó sospechas ya que en la misma trabajaban prisioneros de guerra rusos. Estando a la espera de que el coche oficial recogiera a su marido para llevarlo a Berlín, abrumada por la perspectiva de verse de nuevo sola subió a su dormitorio, se encerró y se voló la tapa de los sesos. Robert Ley y su secretario subieron echando leches, pero cuando pudieron entrar solo fue para encontrarse la hermosa cabeza de Inga perforada y una carta de despedida en la que decía que la perdonase y tal, de lo que se pudo colegir que hacía tiempo que ya le rondaba por la cabeza darse matarile a sí misma porque no le habría dado materialmente tiempo de escribirla desde que subió hasta que se mató. Las malas lenguas dijeron que el suicidio se debió en realidad a que estaba enamorada platónicamente del ciudadano Adolf, y que al parecer este le correspondía en cierto modo si bien jamás hizo otra cosa que mostrarle su aprecio personal. Sin embargo, la versión que parece más aceptable es que esta mujer, habituada a una intensa vida social en ambientes culturales y además enferma, no fue capaz de arrostrar la vida solitaria en el campo, lejos de lo que consideraba su mundo y con un marido cada vez más irritable y borrachuzo a consecuencia del preocupante giro que estaba tomando la contienda. En fin, una pena, ¿no? Tan luctuoso suceso hizo que Ley le diera aún más al alpiste, lo que le hizo perder influencia en el partido y la confianza del ciudadano Adolf. Tras ser detenido al término de la guerra, también decidió auto-asesinarse ahorcándose con una toalla de la cisterna de su celda en la tarde del 25 de octubre de 1945. Esta familia tenía mal fario, carajo.

Bueno, vale de momento. Igual en febrero del año que viene me vuelvo a acordar del Valentín ese y dedicamos otro artículo a más parientas nazis.

Hale, he dicho

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Las damas del nazismo 1

domingo, 18 de febrero de 2018

Naujocks, o cómo una "fake new" conduce a una guerra




De un tiempo a esta parte el término "fake news", noticias falsas, se ha hecho extremadamente popular. Concretamente, a raíz de la elección como presidente de los yankees del nefando Trump, que a diario sale en los noticieros protagonizando cualquier chorrada que no tiene la más mínima relevancia y, menos aún, relación con su acción de gobierno. Se ha acusado al taimado Putin, que para eso fue agente del KGB, de estar detrás de la propalación de falsas noticias para desestabilizar a Occidente gracias a ingeniosos hackers capaces de meterse en todas partes y, por ende, manipular a la voluble opinión pública gracias a las redes sociales que parecen dirigir la vida del personal como si de autómatas se tratase, convirtiendo en "viral" (odio profundamente ese término) o en "trending topic" (ese lo odio aún más) cualquier cosa que sea útil para sus intereses políticos y/o económicos.

Portada del New York Journal informando de la voladura del Maine. Como
se puede ver, incluso se ofreció una recompensa de 50.000 dólares a quien
facilitara la captura de los saboteadores
En realidad, eso de propalar noticias falsas para manipular la opinión o incluso las fobias de los ciudadanos es más antiguo que la tos solo que, a medida que los medios de comunicación han ganado en capacidad de difusión y velocidad, la propalación de bulos se ha hecho más eficaz. Una "fake new" de esas la sufrimos los españoles en nuestras propias carnes a raíz de la voladura del USS Maine en el puerto de La Habana en febrero de 1898, noticia esta que, debidamente adobada por el alevoso magnate de la prensa William Randolph Hearst con su proclama "¡Recordad al Maine, al infierno con España!", significó la pérdida de nuestros últimos territorios de Ultramar. En ese momento, ningún yankee pareció recordar que debía en gran parte su independencia de los british (Dios maldiga a Nelson, y de paso también a Hearst) a la ayuda española pero, al cabo, no dejaban de ser ingratos anglosajones originarios de la misma raza de piratas. Ya vemos pues como una noticia falsa debidamente manipulada puede mover el mapa mundi y cambiar la faz de la Tierra, y más en el caso de la entrada de hoy, en la que veremos como un tipo pendenciero y taimado llevó a cabo la provocación que permitió crear la que quizás fuese la más nefasta "fake new" de la historia, el ataque a la estación de radio de Gleiwitz que dio pie a la 2ª Guerra Mundial.

Danzig en 1939. Seis años más tarde no la reconocería ni su padre
Todos hemos oído hablar cienes de veces de Danzig, una ciudad a orillas del Báltico que, desde el término de la Gran Guerra y el posterior desguazamiento territorial de Alemania tras la firma del Tratado de Versalles, en 1920 se había convertido en una ciudad libre autónoma bajo la tutela de la Sociedad de Naciones y el protectorado de Polonia. Es de común creencia que los tedescos invadieron la población sin más, debido al empeño por parte del ciudadano Adolf de unir Alemania con Prusia Oriental, cuyo territorio había quedado separado del resto del país para facilitar a Polonia una salida al mar. Sin embargo, lo que en apariencia fue un abuso por parte de Alemania, que es como ha pasado a la historia, no fue sino el punto final a una larga serie de reclamaciones por parte de los tedescos para, simplemente, establecer una línea férrea y una carretera que permitiera unir la parte segregada de su territorio, a lo que los polacos siempre se negaron con bastante vehemencia, cuando no con amenazas incluso de guerra.

Así estaba el patio desde 1920
De hecho, a finales de los años 30 alrededor de un 90% de la población de Danzig era de origen alemán y se expresaban en lengua alemana, por lo que los tedescos ofrecieron llevar a cabo un referéndum para que la ciudadanía eligiera si prefería seguir bajo el protectorado polaco o bien unirse a Alemania. Las condiciones eran que, de ser afirmativo, Alemania garantizaría una vía de comunicación extraterritorial a Polonia hasta el puerto de Gdingen para no ver cerrada su salida al mar. En caso contrario, Polonia debería permitir las  varias veces reclamadas vía férrea y carretera para comunicarse con Prusia Oriental. Sin embargo, en marzo de 1939 los polacos optaron por ponerse chulos llegando incluso a convocar una movilización general, dando por sentado que el ciudadano Adolf no se atrevería a atacarles para recuperar Danzig. Además, confiados en que Alemania no tenía un ejército capaz de hacerles frente tras las limitaciones impuestas por el Tratado de Versalles, no se privaron de chulear bonitamente a los tedescos lanzando amenazadoras proclamas y promoviendo mítines en los que los oradores ponían a caldo a sus irreconciliables vecinos, jurando que, igual que los teutones habían sido derrotados en Grünwald (nombre polaco de Tannenberg) por un ejército aliado de lituanos y polacos en 1410, ellos derrotarían a la Wehrmacht en el Grünwald de Berlín. Es más, los polacos estaban firmemente convencidos de que serían ellos los que, caso de estallar las hostilidades, llevarían la iniciativa desde el primer momento, invadiendo territorio alemán y que en pocos días tomarían Berlín. Es evidente que vivían en una realidad paralela o que, simplemente, estaban en babia.

Ignacy Mosciki (1867-1946), presidente de
Polonia al comienzo de la contienda
Por otro lado, la tensión política iba calentando los ánimos peligrosamente, traspasando los muros de las cancillerías para llegar al pueblo en forma de agresiones por parte de la población polaca a los ciudadanos de origen alemán. Arropados por la indiferencia de las autoridades fueron asaltadas casas de cultura y empresas propiedad de alemanes, y el gobierno polaco llegó a cerrar 300 escuelas situadas en zonas de mayoría racial alemana. Así pues, como vemos, esa imagen de una Polonia indefensa ante la formidable maquinaria bélica alemana es el enésimo camelo que ha trascendido a la historia y que poca gente conoce cuando, en realidad, figura en todos los libros de historia. Lo malo es que el personal suele tener la tendencia a creerse a pie juntillas lo que dicen sus cuñados porque ven muchos documentales y no se preocupan de corroborar la información o, simplemente, dan por cierto lo que la mayoría dice. En resumidas cuentas y por no alargar más esta introducción, los polacos se limitaron a seguir el juego al ciudadano Adolf que, ya en agosto de 1939, tenía firmado y sobre la mesa el Fall Weiß ( Caso Blanco o Plan Blanco) diseñado por el OKW para invadir Polonia. En todo caso, en la red hay información sobrada sobre este asunto para el que quiera ilustrarse más a fondo sobre los acontecimientos que acabaron desencadenando la mayor guerra conocida. 

De izda. a dcha. vemos a Von Ribbentrop, al padrecito Iósif
y a Viacheslav Mijáilovich Mólotov, incombustible ministro
de Asuntos Exteriores en activo hasta 1957
Bien, así estaba el patio en agosto de 1935, cuando a las 15:00 horas del 25 de agosto y tras dar por hecho que las conversaciones entre Inglaterra y Alemania para evitar la guerra se consideraron como rotas, el ciudadano Adolf dio la orden de comenzar la invasión de Polonia a las 04:30 horas del día siguiente. Sin embargo, la firma aquel mismo día del pacto de defensa común entre Polonia y Gran Bretaña hizo que Hitler detuviese el ataque, pensando además que la firma dos días antes del pacto de no agresión con el padrecito Iósif daría que pensar a las potencias occidentales. Pero bastaron pocas horas para darse cuenta de que ya no había nada que pensar, y que los british no se habían molestado en intentar hacer cambiar de opinión a los polacos para alcanzar un acuerdo, así que la suerte estaba echada. Pero, aparte de los dimes y diretes diplomáticos, los militares tenían ya previstos todos los pormenores para acabar con Polonia desde hacía bastante tiempo, y las SS también tenían preparada la farsa que, sumada a las absurdas provocaciones llevadas a cabo por los polacos a lo largo de aquel año, daría de cara a la opinión pública mundial la justificación necesaria para la invasión que estaba a punto de iniciarse. De hecho, solo tenían que recibir la orden de Hitler para ejecutar el denominado Plan Himmler, tras el que toda la maquinaria tedesca iniciaría la invasión en un periquete ya que desde el día 25 estaban en estado de máxima alerta ocupando sus posiciones de partida junto a la frontera polaca.

Aspecto de la estación de Gleiwitz antes de la guerra. Construida entre 1934
y 1935 por la compañía Lorenz con mano de obra de la Siemens y la
Telefunken, actualmente solo subsiste una de sus torres que, con sus 110,7
metros de altura, es la estructura de madera más alta de Europa. La apodan
como la Torre Eiffel de Silesia
El Plan Himmler había sido urdido de cabo a rabo por el tenebroso cerebro de Heydrich con la colaboración de su maquiavélico protegido, el siniestro jefe de la Gestapo Heinrich Müller. Como no podía ser menos, era de una simpleza rotunda, pero al mismo tiempo de una infalibilidad incuestionable. Básicamente consistía en simular una serie de ataques por parte de supuestas tropas polacas a un puesto forestal, edificios aduaneros y, el más importante, a la estación de radio de Gleiwitz, situada a apenas 6 kilómetros de la frontera. Una vez "ocupada" la estación emitirían un mensaje diciendo cosas muy desagradables contra los bondadosos alemanes que, hasta el último momento, habían intentado por todos los medios lograr una solución pacífica al espinoso tema del Corredor de Danzig, lo cual era hasta cierto punto totalmente cierto como hemos visto. Esa intolerable agresión por parte de una potencia extranjera sería debidamente respondida por el Reich, llevando a cabo la preceptiva acción punitiva para alejar a los malvados enemigos de la frontera. Así de simple, así de chorra, pero así empezó la guerra.

Heydrich departiendo con el entonces SS-Untersturmführer
Naujocks en su despacho del SD de Munich
El elegido personalmente por Heydrich para llevar a cabo la operación era el SS-Strumbannführer Alfred Naujocks, que en aquel momento estaba a punto de cumplir los 28 años (había nacido el 20 de septiembre de 1911 si bien otros dicen que en 1908). Afiliado a las SS desde 1931, desde sus comienzos en el partido se distinguió por su carácter violento y pendenciero, siendo bastante aficionado a participar en las sonadas broncas que solían tener lugar en las cervecerías y los mítines de los partidos políticos. De hecho, un comunista le llegó a partir la nariz con una barra de hierro. No obstante, no era el típico cerril de cerebro cuadriculado sino que, por el contrario, era un sujeto ciertamente inteligente si bien no supo sacar provecho de sus capacidades intelectuales de cara a hacerse de una profesión de provecho en la vida civil, lo que hacía que muchos lo denominasen como un "gángster intelectual". Tipos así eran los predilectos de Heydrich: listos, bragados, audaces y, sobre todo, absolutamente leales. Tanto es así que en 1934, cuando el entonces SS-Brigadenführer Heydrich era jefe de la policía bávara y del SD,  lo había nombrado su ayudante. Así pues, ya vemos que el conocimiento de este personaje por parte de Heydrich era de años antes, lo que es perfectamente lógico ya que no iba a poner al frente de una operación tan delicada a cualquier cantamañanas.

Aspecto de la sala de la estación antes de la guerra
El Plan Himmler se había mantenido en el máximo secreto por razones obvias. Muy pocas personas dentro de las SS y el Abwehr estaban al tanto del mismo hasta que, a principios de agosto, Heydrich puso al corriente de todo a nuestro hombre. Inicialmente, la acción se llevaría a cabo posiblemente el día 25 si bien, como ya hemos visto, se abortó finalmente. Para ello, Naujocks debía reclutar a seis hombres fiables al 200% que, en teoría, serían los falsos polacos que atacarían la estación de radio. No hacían falta más porque en la misma solo habría algunos funcionarios civiles que, lógicamente, no ofrecerían la más mínima resistencia ante un grupo armado. Una vez tomado el control de la estación se emitiría un mensaje en polaco en plan bastante borde para, finalmente, dejar como testimonio de la agresión a una docena de prisioneros del campo de concentración de Dachau que previamente habrían sido vestidos con uniformes del ejército polaco, así como provistos de documentación del mismo todo ello facilitado por el Abwehr. Dichos prisioneros, denominados bajo el nombre en clave de "Konserve" (conservas, latas de comida, vaya...), serían apiolados antes de largarse de allí para que, una vez finiquitado el falso ataque, poder decir que los había liquidado una unidad de policía que se presentó en la estación para repeler el ataque y ser la prueba de que, en efecto, eran miembros del ejército polaco.

Franz Honiok
Pero, como ya comentamos anteriormente, la orden dada por el ciudadano Adolf para empezar la fiesta el 26 se pospuso, así que todo quedó a la espera mientras que las tropas desplazadas a las zonas fronterizas esperaban impacientes la hora de entrar en acción. Finalmente y en vista de que ni los british hacían nada por convencer a los polacos ni estos estaban por la labor de solucionar aquel asunto de forma pacífica pensando que podrían barrer del mapa a los tedescos, se decidió que la invasión comenzaría el día 1 de septiembre. Así pues, a mediodía del 31 de agosto Naujocks recibió una llamada personal de Heydrich en la que este se limitó a pronunciar una sola frase: "Grossmutter gestorben" (la abuela ha muerto). Esa era la autorización para iniciar la truculenta farsa. Inmediatamente, Naujocks llamó por teléfono a Müller para que dispusiera la entrega de los doce prisioneros que harían de polacos más los uniformes, documentación, etc., añadiéndose al grupo a un tal Franz Honiok, un solterón de 43 años detenido por la Gestapo el día 30 en Polomia, una pequeña aldea de la Alta Silesia alemana donde se había distinguido por su fervor antigermano. Honiok era un furibundo partidario de que toda la Alta Silesia fuera polaca, así que le echaron el guante y decidieron usarlo también como supuesto agresor ya que era notorio su odio a los tedescos.

Abrimos un breve paréntesis para comentar que la Alta Silesia había pertenecido a Alemania antes del desguace de 1918 pero, como ocurría con Danzig, gran parte de su población seguía queriendo retornar al seno patrio para gran cabreo de los polacos ya que, en este caso, se trataba de una zona industrial especialmente rica. De hecho, en 1920 se celebró un plebiscito que ganó la opción que quería la reunificación con Alemania, pero los aliados optaron por dividirla en dos, entregando a Polonia la zona este, más rica, y a Alemania la oeste, mucho más pobre. Por otro lado, el mismo gobierno polaco había promovido algaradas y agresiones contra la población partidaria de unirse a Alemania, así que volvemos a ver que Polonia no tuvo ni remotamente el rol de víctima inocente que siempre se le ha solido adjudicar. Dicho esto cerramos el paréntesis y proseguimos.

Micrófono y consola desde donde
Hornack emitió el mensaje
A las 20:00 horas, Naujocks llega con su pequeña pero audaz tropa a la estación de Gleiwitz más los doce polacos falsos y el tal Honiok, todos disfrazados y previamente drogados para que no dieran la murga. Entran en la sala de la estación donde solo había tres funcionarios que, como es lógico, se quedaron con la jeta a cuadros ante la visión de siete polacos cabreados pegando tiros. Tras rendirse en menos de 0,4 segundos fueron esposados y encerrados en un sótano. Tras la victoriosa ocupación de la emisora se procedió en primer lugar a liquidar a Honiok, que quedó muerto en la escalera de entrada de la estación como prueba nº 1 del ataque. A continuación Naujocks buscó un micrófono para que Karl Hornack, uno de los componentes del grupo, pudiera emitir el mensaje que llevaba preparado. Hornack, que hablaba perfectamente polaco, graznó ante el micrófono: "Uwage! Tu Gliwice. Rozglosnia znajduje sie w rekach Polskich", que en un idioma que no use consonantes como vocales significa algo así como "¡Atención! ¡Aquí Gleiwitz! ¡La estación de radio está en manos polacas!". A continuación soltó un panfleto anti-alemán hasta la médula diciendo muchas cosas feas de los tedescos, exhortando a los buenos patriotas a levantarse en armas contra los enemigos de la sagrada tierra polaca y tal. El mensaje concluyó con un emocionado "¡Ha llegado la hora de la libertad! ¡Larga vida a Polonia!", tras lo cual cerró la transmisión. Una vez fuera distribuyeron a los doce desdichados alrededor de la estación y los fueron matando uno a uno como si hubieran caído combatiendo contra la hipotética fuerza policial que había acudido al rescate para, finalmente, poner tierra de por medio. Ya solo quedaba divulgar la "fake new" para empezar la fiesta.

El Schleswig-Holstein disparando una andanada contra las
fortificaciones polacas
Mientras que la radio alemana daba la alarmante noticia aquella misma noche, la máquina de guerra del ciudadano Adolf estaba ya en marcha conforme al plan minuciosamente trazado. A las 04:45, el acorazado alemán Schleswig-Holstein, anclado en el puerto de Danzig en una supuesta visita de cortesía, abrió fuego contra el fuerte situado en el Westerplatte, una pequeña península rodeada al sur por el Vístula y al norte por el Báltico. El acorazado, al mando del Kapitän zur See Gustav Kleikamp, disparó sus cuatro cañones principales de 280 mm. a menos de 900 metros del objetivo, así que dudo mucho que fallaran. Al mismo tiempo, la Wehrmacht iniciaba su avance hacia la frontera polaca. Acababa de dar comienzo la 2ª Guerra Mundial.

A la mañana siguiente, el ciudadano Adolf se dirigía a sus amados compatriotas desgañitándose ante el micrófono de la radio dando cuenta de la monstruosa y traidora acción llevada a cabo por su nuevo enemigo, Polonia:
"Esta noche, por vez primera, las tropas regulares polacas han disparado contra nuestro propio territorio. ¡Hemos estado respondiendo al fuego enemigo desde las 5:45 horas! De ahora en adelante, cada bomba se encontrará con una bomba. Aquel que luche con gas venenoso se enfrentará con gas venenoso. Aquel que se distancie de las normas de guerra para mantener una conducta humanitaria solo puede esperar que tomemos medidas similares. Dirigiré esta lucha, sea quien sea el adversario, hasta que se garanticen la seguridad y los derechos del Reich."

Foto tomada por la Wehrmacht en septiembre de 1939 en la que muestra
a varios miembros de la prensa internacional ante unos cadáveres de
supuestos ciudadanos de origen alemán represaliados por el ejército polaco
Por cierto que Adolf se emocionó tanto con su vibrante discurso, que obviamente llevaría preparado hacía tiempo, que no cayó en un detalle: dijo que estaban respondiendo al fuego enemigo desde la 05:45 cuando, en realidad, a esa hora el Schleswig-Holstein llevaba ya un rato largo dando estopa a los polacos. En cualquier caso, el Plan Himmler había salido perfecto, y el escenario para montar la falsa agresión quedó de lo más realista. Tan realista que los aliados no se creyeron una sola palabra, y dieron por hecho que aquello tenía toda la pinta de ser un montaje. En realidad, el mismo Adolf había avanzado lo que se cocía a sus principales gerifaltes durante una conferencia en Berchtesgaden diciéndoles que "proporcionaré un pretexto meramente propagandístico para empezar la guerra, aunque poco plausible" y, dando por sentado que la campaña sería coser y cantar y que allí acabaría todo añadió que "después nadie preguntará nada al vencedor". Como ya sabemos, las cosas fueron muy distintas.

Foto policial de Naujocks
En fin, así fue como una "fake new" permitió a los alemanes abalanzarse como un lobo contra Polonia, que pagó con creces su arrogancia. En cuanto al audaz Naujocks, sobrevivió a la guerra si bien su carrera militar sufrió no pocos altibajos a causa de su carácter pendenciero. Curiosamente, nadie supo una palabra acerca del Plan Himmler hasta que, a raíz de los juicios de Nuremberg, salió a la luz la existencia de dicha acción. Sin embargo, nadie pudo aportar datos porque todos los mandamases que habían estado en el ajo habían palmado, y los que procesaban en aquel momento tampoco sabían gran cosa. Naujocks, aunque se había entregado a los yankees en noviembre de 1944 porque se estaría oliendo la fastuosa derrota que se estaba fraguando, fue llevado a declarar, pero se limitó a informar que la operación había sido planificada por Heydrich, que estaba más que muerto, y Müller, que estaba más que desaparecido. Total, que se escaqueó bonitamente y pudo largarse a Hamburgo, donde se estableció como hombre de negocios hasta que en abril de 1966 palmó repentinamente de un infarto.

No obstante, pudo dejar constancia de sus aventuras unos años antes, cuando en 1958 fue entrevistado por Comer Clarke, un periodista británico que pudo localizarlo. Naujocks, que pensaba que a aquellas alturas nadie le pediría cuentas, como así fue, le contó como Heydrich lo citó a principios de agosto para decirle que en un mes o menos estallaría la guerra, pero que el Führer le había ordenado preparar un incidente lo suficientemente grave que justificase la invasión a Polonia. Heydrich señaló la estación de Gleiwitz en un mapa y le dio pelos y señales de lo que quería de él y de cómo debía llevarlo a cabo. Por cierto y como curiosidad curiosa final añadir que, aunque todo el mundo considera a Franz Honiok como la primera víctima de la 2ª Guerra Mundial, incomprensiblemente el gobierno polaco no lo ha reconocido así en ningún momento ya que murió unas horas antes de que estallase oficialmente. Qué chorras, ¿no?

En fin, ya vemos como una falsa noticia puede cambiar el devenir del mundo en menos que un cuñado se ventila dos docenas de cigalas. Sirva pues de aviso, que parece que nos empeñamos en no aprender de la historia para repetirla una y otra vez sin solución de continuidad, para que no nos dejemos llevar por los alevosos y traidores que, en estos turbulentos tiempos, aprovechan las pasiones desatadas del personal para liarla parda.

Hale, he dicho

Miembros de un Einsatzgruppen de las SS entrando en una ciudad polaca durante la campaña de Polonia. En los inicios
de la contienda el papel de las SS a nivel militar fue más bien nulo, dedicándose sobre todo a ir haciendo limpieza
a medida que la Wehrmacht iba apoderándose del territorio.